jueves, septiembre 17, 2009

Sin querer queriendo

Le ves cara conocida, no sabés si hacerte la tonta o respetar las normas de cordialidad -un gesto, un cabeceo, un hola que tal con la mano con la que te estás agarrando para no caerte en cada arranque del vagón-. Mejor mirar para otro lado. Pero no, en un descuido hacés contacto visual y ella te dice:
-Fernanda!, ¿te acordás de mí? Yo salía con Ricardito...
-Sí, claro, ¿cómo estás?
-Bien, todo bien.
La conversación debía terminar ahí, pero nunca terminan ahí ese tipo de conversaciones: uno se siente en la obligación de decir algo más, al menos para acompañar el hola que tal que así solito suena escaso, casi ridículo y necesita alguna excusa para poder decir, luego, bueno, chau, lindo verte.
Así que esta bocota habló:
-¿Seguís trabajando en esa revista?
-¿En qué revista? No, trabajo en una universidad...
-Ah, ¿pero vos no te habías ido a vivir unos meses a España?
-No, esa no soy yo.
-Ah, pensé que...
-No, no... bueno, lindo verte, chau.

(Necesité dos paradas más para darme cuenta de que la había confundido con la actual novia de Ricardito, la misma por la que la dejó y la condenó a varios meses de rivotril. Maldición).

4 comentarios:

chicaenminifalda dijo...

la chica se bajó y se clavó otro rivotril...

bar dijo...

¿Cuándo vamos a desarrollar algun gesto, socialmente consensuado, que diga: "te conozco, me conocés, ambos lo sabemos pero evitemonos el problema"? tendría que ser como un asentimiento con la cabeza o algo así...

mercedes dijo...

debo decir que la utilización del concepto "ricardito" me suena MUY CONOCIDDAAA

Protervo dijo...

claro subproducto de la marihuana.

me está pasando todo el tiempo que me encuentro con alguien y pienso que o es un conocido o es otro y no termino de saber.