jueves, abril 12, 2007

Graciela

Bombos, silbidos y una mini manifestación que gira por los pasillos. Dicen que hubo fraude en las elecciones de la comisión interna. Pero a mí sólo me importa Graciela. Graciela tiene en su escritorio una carpeta con mi nombre y un número de legajo que le indica al banco quién soy y por qué merezco un crédito. Le tengo que caer bien a Graciela: ella puede hacer que mis papeles vuelen entre tasadores, escribanos y gerentes o que se estanquen en esta canastita de metal modelo 1960. Me preparo, saco del sobre todas las fotocopias que me pidieron, las emprolijo, estiro mi brazo a la espera de que Graciela las agarre, le sonrío, me sonríe, me estira sus manos, los papeles están a punto de pasar de un lado del escritorio hacia el otro pero no: suena el celular de Graciela. Pega un grito, me asusto, dice qué pasó, qué pasó, y se va corriendo. Me quedo sentadita en esta gran casa fundada por Carlos Pellegrini. Leo carteles. Un crédito para su corazón. La casa de sus sueños. Confianza y credibilidad. No al fraude de la Bancaria. Un chico tiene un tatuaje en su antebrazo. Hago que leo los papeles, la mensura, los planos, la escritura, el reglamento de copropiedad. Graciela, a unos metros, se arrinconó para que nadie la escuche hablar pero la escuchamos. Ahora vuelve y pide disculpas. Creo que llora. La miro con mirada de ¿estás bien? seguida de la mirada ¿querés contarme? y Graciela me cuenta de su marido que la abandonó con dos criaturas y que se la pasa mandándose cagadas y que ella tiene miedo de perder el departamento pero que en el fondo lo quiere y que el hijo de puta le acaba de robar plata al hermano y ¿vos dónde te vas a comprar el departamento? es el de mi tía, en la estación Carranza, deberías divorciarte, Graciela, antes de que pierdas todo, sí, pero ¿cómo hago?, llamás a un abogado y le decís que querés divorciarte, es fácil, sí, tenés razón, ay, mirá, estoy temblando, este hijo de puta me mata los nervios, yo sabía que se había mandado una cagada, mira, yo lo intuía, y justo que le iba a pedir plata para el cumpleaños de la más chiquita, es que se lo voy a hacer en un pelotero y me sale como quinientos mangos, y mi hijo de 16 me dijo, má, yo te ayudo con la plata, mirá, me parte el corazón, mis hijos son lo mejor, sí, Graciela, tenés que concentrarte en tus hijos, olvidate de ese tipo, sí, y en mis nietos, ¿sabés? me dejó una semana antes de que se casara mi hija más grande, ¿podés creer?, ni siquiera conoce a su nieta, y tengo otra en camino, un hijo de puta, ay, yo no sé por qué me preocupo por él, ¿trajite los planos del departamento?, perfecto, ahora andá a la caja de allá y pagá la tasación, qué lindo que vas a tener tu casa, por eso me encanta este trabajo, dios me puso acá, no hay nada más lindo que ayudarle a las personas a tener su casa, andá, andá a pagar eso, querida.

6 comentarios:

la caro dijo...

me encanto
ya se me hace cotidiano pasar a verlas
abrazo

Guillermo dijo...

Se nota que Graciela es buena mina. Por eso la cagan.

Suerte con el depto.

Angelus dijo...

Una cosa que siempre me impresiona es ver cuánto drama hay en la vida ajena.
No es que a mí no me pase nada, es que creo que soy la no-drama-queen.

Lunita dijo...

Dos cosas:
1- Ahí te das cuenta lo que es un verdadero hijo de puta...
2- Me hizo acordar que tengo que llamar para ver si está el cheque de mi sueldo!!!

martinfrancisco dijo...

vienen las frescas hoy a compass?

no se hagan rogar...

Sonia Tamarisco dijo...

Muy buen relato.Muy buen post.