lunes, diciembre 18, 2006

Apología del exceso

Noches en las que hay que comerse las cerezas, todas las cerezas, y dejar la nota en la puerta de la heladera, aunque debería decir fresas en la puerta del refrigerador, depende quién traduzca, y cocinar usando toda la batería, así llaman a ollas, sartenes y cacerolas, que hacen ruido tan sólo por unos fideos de espinaca a la provenzal, y el aceite que repta por el piso, inalcanzable, hay que dejarlo, todo ahí, afuera, ostentando el arte de saltear una pasta a la una de la mañana, y meterse en la ducha e inundar el baño, porque no hay otra manera cuando la habitación está oculta detrás de esa montaña de ropa que pudo haber sido la elegida como clave del éxito de cada salida del fin de semana, o de cuando le dijeron: "Vos sos como la Barbie intelectual". Cuánto exceso.

2 comentarios:

jb dijo...

pero las fresas son frutillas...las cerezas, al menos acá son cerezas...

saludos!

bb y nicoleta dijo...

Era sólo una canchereada a lo W.C. Williams.