domingo, julio 09, 2006

Suceden cosas extrañas

No, no hay bata roja y no es Aznavour sino Edith Piaf y el vaso de vino, claro, y algunas casualidades, como esas de encontrarte a alguien -un chico que un poco te gusta, por caso- por la avenida Corrientes y luego encontrarte a otro -ese que tanto te gustó hace un tiempo- en un restorán y pensar cómo puede suceder en una ciudad de no sé cuántos millones de habitantes y que tu amiga te diga que a veces sucede, que las novelas venezolanas no siempre son tan irreales, y que después tu amigo te cuente que anoche, a las cinco de la mañana perdió cinco pesos jugando a la generala y que mientras se terminaba el whisky pensaba soy un Dostoievsky porteño y se repetía soy un Dostoievsky porteño y tu otra amiga a esa misma hora se tambaleaba en una silla al tiempo que la enfermera le cambiaba las sábanas y ella pensaba por qué me cambian las sábanas a esta hora y que la única respuesta sea es que hace sólo dos meses que soy enfermera y que alguien te mande un mensaje de texto y vos le respondas que sí, que has tenido un domigo feliz. Todo muy raro.

1 comentario:

W. H. Percepied dijo...

Muy lindo muy bonito! un beso,

Juan