sábado, junio 03, 2006

Notas

Todos se quedan. El peruano que se dice canadiense y que todas las tardes pierde su bus para Montreal y entonces se emborracha con tequila barato y llora porque ya no tiene plata y se abraza al ecuatoriano, se queda. El ecuatoriano que se hace llamar la reina del east village y desde el mostrador de su hotelito sueña con toparse con ese lindo culo que podría ser el hombre de su vida y que ya ni se acuerda de Quito y nada quiere saber con Quito de tan bien que se la pasa entre las locas de NY, se queda. El argentino que de tanto vivir abroad habla agringado pero no puede disimular la tonada zona norte y pregunta qué lejos queda Once de Belgrano como si ya no se acordara y después le sale el macho porteño y hace como que no pero me invita a salir, se queda. El chileno que antes era mormón y ahora se la pasa entre las Vegas y Utah con su noviecito teenager y que dice que si no encuentra trabajo como enfermero se podría prostituir un tiempo, se queda. La andaluza que quiere fiesta cada noche porque no puede perder el ritmo a la que la obligaron tantos años como animadora de hoteles en Ibiza y Tenerife y mueve los ojitos para que los nordicos se enamoren un poco y la rescaten de tanta alegría, se queda. Todos se quedan. Todos quieren y pueden quedarse en New York. Eso me dijo Jaimy, la única nacida en NY. Todos se quedan. Yo ya me fui.