jueves, febrero 09, 2006

La cena

Mi abuela dice que tuvo que cambiar de podóloga por culpa del mal de ojo. Dobla en cuatro el papel del alfajor que se acaba de comer de postre y cuenta, mirándola a mi mamá: "Vos sabés, nena, que cada vez que iba a la podóloga, que se llama Marta como yo, pero Marta sin "h", ella empezaba a bostezar. ¡No paraba de bostezar! Hasta que un día me dijo 'Ay, señora, yo no la voy a poder atender más porque usted está ojeada y eso me da sueño', y entonces trajo un vaso de agua y el sueño se le pasó. Pero yo cambié de podóloga, claro".
Mi mamá la escucha, dice qué barbaro o algo así, le ofrece otro alfajor, mi abuela le dice que no puede comer más porque es veneno para sus 82 años y me mira: "¿Vas a terminar ese durazno que dejaste ahí?, porque es una pena tirarlo....". Entonces yo le cedo ese durazno que no iba a terminar de todos modos y escucho que mi hermana también está contando una historia de ojeados y curanderas a distancia en la otra punta de la mesa (ella prefirió mandarina de postre). "Pero mi historia del sapo es mejor -interrumpe mi abuelo- tu papá la sabe, él me llevó a una casita en medio del campo para que me curaran la culebrilla".
-¿Se acuerda, Juan Antonio? (aparece mi padre en escena, que en 27 años nunca tuteó a mi abuelo)
-Impresionante, me había agarrado culebrilla en un párpado, muy doloroso... y fui a este hombre, ¿y saben qué hizo? me puso un sapo sobre el ojo....
-¿Y se te curó? (la que pregunta es mi hermana más chica, que creo que es la única que no conoce la historia)
-¿Podés creer que al tercer día estaba perfecto? Además, me mostraron el sapo... ¡había quedado seco!
-Seguro que siempre muestran el mismo sapo seco (éste es mi hermano, el escéptico -así lo llamamos en la familia: se declaró ateo a los siete años).
-No, no, esas cosas pasan. Acordate, gordo -le dice mi mamá a mi papá-, de la historia de Tita: es increíble. Tita tenía 21 berrugas. La cuestión es que se estaba yendo de viaje en barco y le dijo a la madre que le dijera a la curandera del pueblo que tenía 21 berrugas y que por favor se las curara mientas ella viajaba. Cuando volvió de Europa se le habían caído todas las berrugas menos una ¿y saben por qué? Porque la madre en vez de decirle a la curandera que Tita tenía 21 berrugas, le dijo 20. ¿Ves que esas cosas pasan?
-Lo que yo no entiendo es quién me habrá querido ojear, porque dicen que el mal de ojo es el mal deseo de alguien, la envidia de alguien -comenta mi abuela, casi consternada, y agarrándole la mano a mi abuelo- ¿Me envidiarán mi marido de 85 años?

4 comentarios:

bb dijo...

Mirá, mi mamá no solo que tira el cuerito y cura el mal de ojo a toda la familia, sino que ya se instauró como la curandera oficial de nuestro entorno. La llaman de Rio Gallegos, ponele, o desde la costa para que cure al primo de un amigo de la novia de mi hermano. La cosa es ¿te duele la cabeza? le decis a mi mamá que te cure y entonces se encierra en el cuarto unos 15 min. y despúes sale toda despeinada, con los ojos llorosos y abriendo la boca de par en par y en medio de un bostezo te dice "estabas tremenda nena. Muy ojeada". Y el dolor de cabeza se te pasa. Tan increible como infalible.

cibernauta en la cosmopista dijo...

mi abuela tambiñen tira el cuerito. me encanta que lo haga. cuando me duele la panza o estoy atracado o tengo lo que ella llama "un ataque al hígado", me cura. infalible, como dice mrs. BB. me causa gracia y me da placer que mi abu me tire el cuerito. me retrotae a mi infancia más infancia. y, además, me hace eructar erutitos chiquitos.

Anónimo dijo...

lo del ojeado, cierto o no,es irressistible. Mi mamá lo sabe curar y yo intente aprender a curarlo, se aprende a las doce de la noche del día de noche buena.
La cuestión es que de la ansiedad, me lo olvide. Y no te lo pueden repetir.

Anónimo dijo...

si mi abuela me tirase el cuerito sería incesto.