miércoles, octubre 26, 2005

Algún día tendré cuarenta

ella quiere volver a ser camarera
para que la vean ir y venir
bambolenado el culo
y se digan entre ellos
cómo me gusta verla ir y venir
bamboleando el culo
mientras alguno clava bandera
por ser el primero que se enamoró
pero también está el que descubrió el bar
y el que le vio el tatuaje
el que dice que un día
le va a regalar una cadenita
con un medio corazón
pero debe estar llena de mediocorazones
seguro que los guarda
entre los billetes pringosos
que se mezclan con cartas de amor
al final del día
cuando bob o richy o luigi o pepe
hace cling cling
con su maquinita
y ella se pone a pensar
que el destino quizás sea
una forma del olvido
y se lo repite
no se acuerda dónde lo leyó
no son cosas que se lean en los baños
y lo repite
el destino quizás sea
una forma del olvido
lo repite siempre
para que no le den arcadas
cuando el gordo hablador cercano
le ofrezca su aliento sin permiso
y la haga venir
para que bambolee el culo
ella lo bambolea
sabe cómo se mueve
lo siente acompasado
sabe cómo se refleja en las vidrieras
de mediodías desiertos
el que se enamoró primero dice
que las camareras están en el top ten
por eso ella quiere
volver a ser camarera
y que luigi o richy o ramón le diga
nena, mové el culo, movelo bien.

lunes, octubre 24, 2005

Cero en conducta

Hoy, alrededor de las 15.30 de la tarde me entero de que mi misión dentro de la cobertura de las elecciones será el seguimiento de los comicios en Salta y Entre ríos. Jornada dura, aburrida, confusa, estresante. Juro no volver a intentar dedicarme al periodismo.

domingo, octubre 23, 2005

Conciencia cívica

Mientras Betty, nuestra chica especializada en cine y teatro, se encuentra sumida en su misión especial -dar cuenta, con seguimiento, estadísticas, análisis a lo Bonelli y demás, de los resultados electorales en Salta- y W. me escribe desde la baticueva de Cris Kirchner; yo, apostada frente al televisor, con cierta euforia democrática, y con ganas de ejercer mi ciudadanía, de pronto me entero, gracias a la labor de los agudos corresponsales de la señora de Noble, ¡que el catering de estas elecciones es un desastre!: los sanguchitos del bunker de Chiche están resecos, las gaseosas de López Murphy no tienen gas, Lilita suprimió los dulces y Macri está más preocupado en triturar papelitos que en arreglar la máquina de café... En fin, siempre nos quedará el Faena.

viernes, octubre 21, 2005

Rubia en sociedad


Presentación de "Rubia", con la actuación de Betty (en su esperado regreso a las tablas) y la presencia de algunos de los míticos personajes nombrados en los poemas (como el Chino del sur). ¿Vienen?

jueves, octubre 20, 2005

Dios me salve

Como este barrio es una suerte de Soho tercermundista, la entrada a mi departamento suele estar tapizada de volantes con consignas conversoras. Todas las religiones, colectividades y demás grupos de pertenencia me necesitan. Así dicen. Justo ahora, que me desconvertí del todo. A veces hasta logran reactivar mi culpa. Como dice la melli, "felices los que tienen en algo en qué creer" (lo dijo, sí, en medio de la redacción, en tono de bienaventuranza) y después se volvió a sumergir en sus penas de chica moderna. Ni siquiera goza de la bendición de ser agnóstica. En fin, entro a casa y levanto un gran volante. No lo leo. Lo dejo sobre la mesa mientras Betty, que tomó un par de cervezas más que yo, se pone a leer algunos poemitas y me pide por favor que ponga el compact de Ana Belén. Y ahí estamos las dos, cantando esa canción prohibida, pidiéndole a Sam que la toque de nuevo, yo con un vaso como micrófono, Betty saltando con el estribillo, como si besos ternura que derroche de amor cuánta locura, la incitara al pogo.
Betty ya se fue. Ana Belén ya no canta tan lindo como antes. El micròfono no es un micrófono, es un maldito vaso. Pero el volante está ahi, y lo leo: "Algo maravilloso va a pasar en tu vida" me dice una virgen montada a una nube con rayos incandescentes, con un aire a Andrea del Boca.
En eso me levanté pensando hoy.

miércoles, octubre 19, 2005

Dudas matinales

-No sé si hacerme las tetas (De hacérmelas, no sé cuando. De hacérmelas ahora, no sé cuánto).

-No sé cómo conversar con los habladores cercanos (Si una retrocede, ellos avanzan. Si una se hace a un costado, ellos se emparejan. Como si la charla necesitara de una distancia específica para ser efectiva).

-No sé cómo hacer para que el vecino de enfrente no me espíe (si cierro las persianas, me ahogo. Si las dejo abiertas, me tengo que meter detrás de la puerta del ropero para cambiarme y no es fácil maniobrar metida en un ropero).

-No sé cómo decirles a los taxistas que escuchar un disco completo de Luis Miguel me hace bajar la presión (el tema es que la opción a Luis Miguel puede ser Christian Castro. Peligroso).

-No sé por qué algunos días me levanto tan triste y otros, loca de contenta.

-No sé por qué escribo estas cosas en un blog. No sé por qué tengo un blog.

martes, octubre 18, 2005

Once II

cada vez que silban
abajo de mi balcón
cada vez que silban
y las plantas se tuercen
cada vez que silban
pienso que sos vos
con una cafetera nueva
cada vez que silban
es el mismo hombre

el hombre de la basura.

Nicoleta (léase como canción pop)

Desperate housewife

En Once hay problemas: la vecina me roba los broches. A ver, no es un tema menor. Ya la habíamos descubierto con mi roomate hace un tiempo. No la enfrentamos, pero le hicimos una marca a cada broche. Más precisamente, le dibujamos un signo de pregunta, como diciendo: "Alto, ¿qué está haciendo? Ese broche no le pertenece". Pero no funcionó.
Subo a la terraza y ahí están mis sábanas blancas, mi musculosa preferida, las medias que nunca voy a devolver. Allí está todo, tirado en el piso. ¿Por qué? Porque mis broches, adornados con signos de pregunta, sujetan de lo más despreocupados una remera de Piñón Fijo, un calzón extra large, una toalla estampada con un Mickey maldito. Tengo ganas de llorar. Pero es un buen momento para evocar a mi psicho killer: "Sacá la bronca, sacala afuera". Y la saco. Primero pienso en ir hasta el primer piso y gritarle: "Ladrona". Pero cuando llego al primer piso y escucho cómo ríen sus hijos, me acuerdo de que es el día de la madre. Y bueno, soy una sentimental. Pero la bronca debe salir. Entonces vuelvo a la terraza y, por cuestión terapéutica, arranco de la soga la ropa de la vecina, la tiro al piso, la pisoteo y largo un ja ja ja con cara de poseída. Pienso: creo que es la primera vez en mucho tiempo que soy mala. Mala a conciencia. Bajo a mi departamento. Y como sigo algo poseída, me meto en la bañadera. Me merezco un baño de inmersión (como no tengo baño de espuma, hago burbujas con el shampoo, mientras suena el compilado terrible -de canciones para llorar- a todo volumen). Salgo de la bañadera, entusiasmada con esta suerte de spa casero. Tocan el timbre. No es buen momento: acabo de embadurnarme la cara con la máscara de limpieza. O sea, tengo la cara verde. Vuelven a tocar timbre.
-¿Quién es?
-Kevin, tu vecino.
Uy, Kevin, mi vecino. Ése vecino que dos chicas solas agradecen tener: nos conectó el cable, nos arregló la video, me ayudó a mudar el ropero, siempre tiene una tacita de lo que necesite, me baja la basura y suele pasearse en cueros, fresco, como si la vida en Once fuera maravillosa. Ok, se llama Kevin, yo no elegí el nombre. Y tampoco a su novia, que es encantadora.
-Ah, Kevin, perdón que no te abra.
-Todo bien, sólo quería saber si esta bombacha era tuya, la encontré tirada en la terraza junto con la ropa de mi sobrino.
Abro. Me olvido de la cara verde. Él se ríe. Le debe divertir tanta femeneida expuesta. Y ahí lo veo, con la bombacha en la mano y la remera de piñón y la toalla de mickey en la otra.
-No, no es mía. Gracias Kevin.
Digo y cierro la puerta. Pienso: verde y rojo. Verde más rojo. ¿De qué color tendré la cara ahora?

domingo, octubre 16, 2005

El chino dijo hace unos días que Autobombo entró en la epoca de la reproductibilidad técnica. Que tan abigarrado posteo había hecho que se disuelva la sorpresa aúrea de nuestras esporádicas intervenciones. Cómo sea. Este blog siempre se ha caracterizado por esos arrebatos de verborragia seguidos de largos períodos de silencio. Obviamente, este es uno más. Será porque nuestras vidas nos tienen un poco a las patadas. Pero cuidado. Una inminente catarata de inspiración está en puerta.

martes, octubre 11, 2005

Antes muerta que sencilla

Encontré un leit motiv. Antes muerta que sencilla.
Instrucciones: entrar al sitio con auriculares o parlantes listos. Esta canción es una maravilla.

lunes, octubre 10, 2005

I chan



Cuando la realidad pierde esos pocos destellos de lógica que a veces suele tener, cuando ni siquiera los boletos de colectivos nos dan respuestas en su reverso, no hay opción: hay que recurrir al I Chin (rebautizado la otra noche como el I Chan!).
Ahí estábamos, Trapi, Betty y yo, esperando que "amiga de Betty" (la llamaremos así) oficiara de druida con el I Chan en sus manos. Ahí estaba Trapito, tirando las monedas y escuchando cómo la voz milenaria del I Chan le hablaba de dificultades por todos lados, y de agua por abajo, cielo por arriba, pequeña perseverancia y montañas que se movían. Ahí estaba Betty, preguntándose a cuál de todos los zorros se estaría refiriendo el amigo Chan cuando le hablaba de la trancisión del desorden al orden siempre y cuando el zorro no mojara la cola. Ahí me veía yo, escuchando que mi vida estaba llena de impedimentos, que debía continuar con la retirada, pero que la cima estaba cerca, escondida (algo así como "siempre que llovió paró", ésa fue mi interpretación).
De pronto, algo sucedió. Algo se empezó a decontrolar: Trapi salió corriendo en busca de la cámara para fotografiar la mesa (mesa que chorreba restos de comida china); Betty se puso su vestido "con ánimo de amar" y empezó a desfilar por la casa repitiendo "que el zorro no moje la cola, que el zorro no moje la cola"; yo me puse a revisar lo placares hasta encontrar un librito con frases inquietantes. Leí una de ellas: "Ponete la voluntad al hombro y tirate de una vez. No duele tanto como parece".
"A ver, ¿me repetís la frase? -me pidió la sacerdotiza, amiga de Betty- Yo no me animé a tirarme el I Chin, pero creo que eso que dijiste me sirve".

Ups. Lluvia de I Chanes!!!!!!

10 de Octubre


En Cachamai 12 festejamos el cumpleaños de Domin Choi.

domingo, octubre 09, 2005






Hay una parva de ropa
en la silla
que se licúa,
y en algo
se me parece.


trap.

sábado, octubre 08, 2005

HOLA


Después de muchas noches de insomnio dando vueltas en la cama, manoteando libretas para escribir pensamientos que resultan reveladores (suelen serlo solo a esas horas), decidi hacer circular algunas palabras por el espacio virtual. No puedo evitar las imágenes, así que también desparramaré unas tantas.
Esto sería entonces una pequeña presentación, si es que alguien efectivamente está ahí para leer y contestar. ¿Hay alguien ahí? Son las 21:30 del sábado 8 de octubre. De ahora en más voy a intentar escribir y subir una foto por día. Hasta pronto. Ay!!!! Muy raro esto. Chau texto... te leo en el ciber-espacio.

Saludos a todos.
Trapito.

viernes, octubre 07, 2005

Você é lindo mais que de mais

De pronto nos habilitaron: "Pasen chicas, por la escalera". Trapito casi que lagrimeaba. Yo la seguía, presa de una timidez desconocida. Y ahí estaba Moreno "hermoso" Veloso, con su pelo revuelto. Ahí estaban todos los "más dos", preguntando si nos había gustado el show. "Siiiiiiiiiiiii". Entonces Trapito les pidió, con un hilo de voz, "sólo una fotito". Y ellos posaron, encantados. Son brasileños. Felices, siempre.
-Blonda, ¿você é periodista?, preguntó uno, mientras Trapito acorralaba a Moreno para un retrato (sin disimular que ya no era una cuestión profesional).
-No, grouppie.



Salimos flotando. Trapito había corrido con ventaja toda la noche, acodada al escenario como si Veloso hijo le cantara sólo a ella.
-Pero me miró a mí, te lo juro, mientras cantaba, me miró fijo varias veces.
-Bueno, nos miró a las dos. Es de las dos, ¿sí?

miércoles, octubre 05, 2005

La traición de Rita Hayworth

Ayer casi me pisa el hombre más lindo del mundo (ok, podría hacer un listado de hombres-más-lindos-del-mundo). Reconozco que últimamente camino algo distraída. Él frenó a centímetros de rozarme la rodilla -que tenía descubierta-; y me miró fijo. Creo que temblaba. Yo lo miré fijo, temblaba. Entonces sudeció: nos enamoramos, fue un segundo.
Él debía bajar de su auto, preguntarme "estás bien?", invitarme a un refresco. Secuencia que luego le contaríamos infinidad de veces a nuestros hijos.
Pero él sólo puso primera y me esquivó. Maldito Hollywood.

Disculpe las molestias

We are thinking...
(Es que nos están sucediendo cosas impublicables)