miércoles, agosto 31, 2005

Coming soon

Ahondo la lista de posibles post que no haremos por ahora
Hablar acerca de como:
-El pelo corto me cambió la personalidad....
-Mucho antes que el pelo corto, los lentes de contacto (y abandonar mis anteojos tan pero tan gruesos)
-Vivir con una amiga es infinitamente mejor que hacerlo con un hombre
-El ultimo ex novio que me encontré en un lugar inverosímil, y que confirma aquella regla de lo mucho que me cautivan los feisímos (éste bailaba salsa, por dios!!!!!)

Por otra parte me encantó el Trance-Trilce. Ya habíamos comentado lo bien que estaba esa carta, y por supuesto, los bellos aportes de Nicoleta.

Here comes the sun

Tengo cosas mucho más divertidas para postear, del estilo "mi vida antes y después de cortarme el flequillo", "cómo es viajar en subte mientras alguien toca el Bolero de Ravel en flauta dulce y su compañera se contorsiona a mi lado", "otras versiones de fanguistas", "por qué nunca más voy a aceptar una cita a ciegas","cómo es estar a los abrazos con Iván de Pineda a las tres de la mañana" y cosas así. Pero hoy tenía ganas de mostrar mi costado sombrío. Suele suceder. Y por eso postié lo que sigue, aunque a W lo ponga triste.

En trance, en trilce

Suele sucederme, eso de abrir los ojos y sentir que la habitación es plástica, que las paredes se contorsionan y que el ropero, con la puerta siempre abierta, en cualquier momento va a dispararme una percha, una musculosa o ese vestidito blanco que nunca usé de tan transparente. Extraña en mi habitación, como en Laberinto pero sin David Bowie. Y entonces todo se acomoda, y veo ese calzoncillo gris que ya no le voy a devolver a punto de caerse del cajón, y el libro que me va a pedir que le devuelva a punto de caerse de la mesa de luz, y la bola de boliche que me regalaron a punto de caerse del escritorio. Está todo ahí. Y tiene forma.
"Al revés de lo que le ocurrió a Wilde, la mañana en que iba a morir en París, a mí me ocurre en la ciudad amanecer siempre rodeado de todo, del peine, de la pastilla de jabón, de todo. Amanezco en el mundo y con el mundo, en mí mismo y conmigo mismo. Llamo e inevitablemente me contestan y se oye mi llamada. Salgo a la calle y hay calle. Me echo a pensar y siempre hay pensamiento. Esto es desesperante" (César Vallejo, que escribió más o menos lo que quería decir yo. Pero él estaba en París, tenía ventaja).

jueves, agosto 25, 2005

Missing you


Betty no nos abandonó. Simplemente fue abducida. Ahora vaga entre escritorios casi anónimos y lucha para que no le roben el alma.

¡Por lo menos vendela, amiga! Sé que cotiza bien, especialmente si la oferta incluye los pantalones naranja.

Aquí una foto de BB, en los tiempos en los que éramos felices y no nos habían avisado.

Tedio en la redacción

W. se unta los labios con pomada de Agatha Ruiz de la Prada con gusto a kiwi y me saca fotos.

L., la dueña de la pomada frutal, pide que la lleve al cabaret del Faena. Yo la traiciono: ya invité a un amigo. L. igual me abraza. Así somos las mellizas.

N. se queja de... se queja de... Se queja. Hay que pedir que le acorten los días.

G. no habla desde hace tiempo, a menos que le diga: "Hablame de algo, G". Y ahí sí, me habla y me pregunta, por ejemplo, cúal sería un buen seudónimo. "Johnny Romano", digo. No le convence.

W. casi termina "Pregúntale al polvo". Yo ni siquiera la empecé. Ya no me saca fotos.

¿Falta mucho?

Good day sunshine


Salió el sol. Pude rescatar la ropa de la terraza ("dos remeras, un calzón, un par de medias")

martes, agosto 23, 2005

Crisis de fe

Le conté a mi psicho killer que había nacido el día de María Magadalena. Y que eso me gustaba. No sé, una puta santa. Amable contradicción.

-¿Estás segura de que te gusta haber nacido ese día?, me preguntó. Y temí. El inconsciente me aterra.
-Si, ¿por?
-Porque Magadalena estaba enamorada de Jesús, sí, ¡Pero Jesús estaba enamorado de todas!

OK. La mía es una tristeza milenaria.

Lugar común, la muerte

Hoy casi muero. No de amor ni de tristeza, como suelen ser mis petit morts. Casi muero de muerte verdadera. Si alguien vio la película japonesa "El club del suicidio" y recuerda la primera escena en la que unas treinta colegialas se toman de la mano en el andén del subte y saltan a las vías, sabrán de qué hablo (sí, la imagen es algo tremenda; sangre y todo eso). Simplemente estaba en la estación Callao -Subte B-, asomé mi cabecita, algo temeraria, para ver si veía el resplandor de los faroles y cuando quise enderezar el cuerpo, no pude: un hombre, enredado en su diario La Nación, me llevó puesta. Me empujó el vacío, literalmente. Y ahí, al final del túnel, vi los farolitos (oh, vi la luz al final del túnel). Rápido de reflejos el hombre; con mi instinto de supervivencia a flor de piel yo, empezamos a los manotazos. O nos caemos juntos o nos salvamos juntos, maldito, pensé (ok, el maldito me sale ahora, para darle un tono de doblaje: es que prefiero imaginarme en un metro de NY aferrada al brazo de Bruce Willis). Nos salvamos. Mejor dicho, nos salvó otro hombre, fortachón. Pero las piernas me temblaron. Y me siguieron temblando camino al trabajo, mientras me preguntaba la pregunta más boluda que uno se puede preguntar en estos casos, pero inevitable: ¿quién me hubiera llorado? Uff, ni al borde de la muerte uno escapa del lugar común. Todavía me tiemblan las piernas, un poco.

PD: No, amigos, no me caí al pozo. Estuve a punto.

domingo, agosto 21, 2005

Yo bailo cuando el cuerpo me pide pista (parte 2)

¿Terminar la noche de sábado en la casa de un apenas conocido cantando -mejor dicho, haciendo los coros- con guitarra y todo de "Yo era un tubi, que andaba solo..." es síntoma de alguna patología? Betty, estoy perdiendo glamour....

Lo que resulta de una noche de viernes

Conclusiones de un viernes 3 am en una mesa de chicas con infancia marplatense, ahora porteñas seducidas y abandonadas, que de tener una pistola a mano le hubieran dado a todo el restó palermitano con ganas. Hasta que, afortunadamente, surgió un tema más que amable y tranquilizador: ¿Por qué queremos tanto a los amigos con derecho a roce?

Un amigo con derecho a roce:

- Siempre llama en el momento oportuno ¿O siempre es oportuno que llame? (en este punto no logramos ponernos de acuerdo).
-Podemos llamarlo a cualquier hora, en cualquier momento, sin excusa (aunque lo hayamos freezado un par de meses) y él siempre estará dispuesto a escucharnos o a correr a tocarnos el timbre en medio de la lluvia si es necesario (con ese chocolate que tanto nos gusta en la mano).
-Para él siempre estamos maravillosas, aunque le abramos la puerta en jogging y pantuflas, con ojeras de tres días, y la primer frase de recibimiento sea: "Son todos iguales, siempre me rompen el corazón" (ahí es cuando él dice: "Sí, todos menos yo, que soy tu amigo y nunca te voy a hacer mal", y aprovecha para abrazarte mientras te acaricia la cabeza como "un amigo").
-Es capaz de escucharte por horas y horas cuán triste estás, de verte llorar como una condenada por ese otro que te rompió el corazón (no importa en este caso que se nos corra la pintura o se nos hinche la cara, para ellos la vulnerabilidad nos queda adorable). Total, sabe que quien se va a quedar a dormir es él.
-No se enoja si a la semana lo llamás para decirle que estás feliz porque conociste a alguien nuevo o que volviste con ese que te había roto el corazón. Él te dice: qué bueno, me alegro mucho. Y en verdad se alegra. Claro, sabe que siempre volverás a llamarlo.

sábado, agosto 20, 2005

Lagrimitas de cocodrilo

No se si trata de una fantasía masculina o femenina. La de ver (o mostrar) que hace una chica sola, en su casa, como si dejaramos una cámara registrando cada uno de sus movimientos, aún los más apentemente carentes de interés. Hace poco alguien escribía en este blog que admiraba la pericia con que una mujer se pone una hebilla en el pelo. Bueno, ésta es la obra perfecta para esa persona, se llama Remitente Lorena y está en Elkafka.
Durante el lapso de una hora asistimos a este espectáculo: Lorena está sola en su casa, embala cosas (ropa, casettes) para mudarse, escucha música, graba mensajes para un chico con el que salió una sola vez, chupa una naranja, fuma un cigarrillo tras otro, baila frente al espejo. Es evidente que está deprimida y un poco obsesionada con ese galán que no volvió a llamarla. La identificación era inevitable.
La obra da cuenta de esa capacidad tan femenina de autoprovocarse estados en soledad. De la euforia absoluta a la tristeza total, un electrocardiograma anímico, una susesión de emociones que no tienen que ver con nada en especial, que nada las motiva, pero que pueden vivirse de la forma más fidedigna, verdadera y hasta verosímil.
Se prueba un vestido rojo, ensaya unos pasos sexis para envalentonarse y grabar nuevamente el mensaje "Nicolas, ese día que estuvimos en el botánico, reconozco que hablé mucho....". La chica llora con mocos frente al espejo (porque se pone un tema para llorar) y al segundo está apretándose un granito. Con Trapito nos codeábamos. ¿Es que todas somos así?
Casi estamos llegando a la conclusión de que cualquier sentimiento puede vivirse como un estado de actuación del que se puede entrar o salir como si nada. O ¿Quién no ha llorado alguna vez con verdadera congoja pero mirándose cuidadosamente los gestos en el espejo? Hasta tengo una amiga que me confesó haberse sacado fotos en ese mismo estado...
Todas las depresiones son en un punto falsas, no?

miércoles, agosto 17, 2005

No más sans culotte (nada de reflexiones profundas)

(Pasó el momento lírico. Comprendimos que los versos alejan a la masa. Y no somos elitistas. Volvamos al tema que más público atrae, ya que nos debemos a él: los banderines).

Entré al mundo del culotte. Casi sin querer. Yo no era una chica moderna: lo mío seguían siendo las tangas. Hasta que me animé, metí mi mano en una fuente transparente -así se exhibe le lencería en Palermo- y saqué un culotte. Un culotte estampado con frutas y verduras. Será un nuevo concepto en ropa interior. Tal vez una sandía jugosa que asoma en la curva de la espalda resulte tentadora. Mmmm sexy. "Además te agarra bien", agrega la vendedora que seguramente luzca el suyo, con hortalizas. Sigo revolviendo. Culotte con comic. Interesante para noches solitarias. Un culotte con lectura incorporada. Splash, bang... un cin city a lo caro cuore y en colores. Ok, lo llevo. Ah, y con la camisetita haciendo juego por favor. Quiero ser una completa chica culotte.

lunes, agosto 15, 2005

Poeta invitada: Trapito

Todos los días recibimos
noticias
metemos la mano en el miedo

Un telegrama: ni lo intentes.

ars putética

no se puede escribir un poema
con uñas color púrpura:
se clavan en las letras
como si se las cogieran.

(Nicoleta)

viernes, agosto 12, 2005

Cita ad hoc

Dylan Thomas decía haber bebido su primer whisky a los 4 años.

Antes de morir (todos lo sabemos, es imposible olvidarla, hay hasta grupos bautizados en honor a esta frase magistral) dijo:

“Me he bebido dieciocho vasos bien llenos de whisky. Eso es un record. Eso es todo lo que yo he conseguido en 39 años".


Un crack.

jueves, agosto 11, 2005

La mujer rota



Comprobé que el quinto whisky puede ser fatal. Desde la adolescencia que no dormía sentada. Ampliaré cuando me recupere. Por el momento, sólo amplío la galería de banderines (sí, Barbie también va al baño, como cualquiera de nosotras) y espero a que Betty recobre la inspiración.

miércoles, agosto 10, 2005

Casualidades oníricas

Anoche soñé con Pedro. Mi primer amor platónico (no tengo edipo con mi padre) y mi primer jefe. Yo, 20 años, secretaria de estudio jurídico, digamos algo sui generis: una colgada, incapaz de pagar una cuenta a tiempo, incapaz de usar trajecitos color pastel, ¡pero tan simpática con los clientes! Él, 36 años, la antítesis del abogado: ex artesano, andaba en patas por el estudio, escribía cuentos y poemas, y me regalaba libros de Castaneda y de Galeano. Yo me la pasaba en su escritorio, escuchándolo. Fascinada.
Me despierto y escucho que mi roomate dice: "Está durmiendo, llamala en una hora".
Sí, era Pedro. Hace años que no nos vemos. Hace muchísimo que no hablamos. Ahora él tiene 41 y yo 26. Pero nada cambió demasiado. Creo.

martes, agosto 09, 2005

De oído

Betty inspirada:

"¿Por qué no me gusta el chico del locutorio? ¿Por qué, si tiene todo para que me guste?" (BB, de noche, perpleja ante la irracionalidad del amor).

"Entiendo la maravilla de las personas" (BB, el mismo día, después de una sesión de finas hierbas, convertida en vate)

"Vivimos en una época en la que ya no hay ideologías, sólo blogs" (BB, preguntándose si su vida está en la academia o en la caipirinha que sostiene en su mano).

Por la calle:

-¡Ay, no te puedo creer, te pasó lo mismo que a la protagonista del libro de Puig!
-¿De Arturo?

(De una travesti a otra, por avenida Corrientes, de madrugada)

En interiores:

"El médico me dijo que las embarazadas nos ponemos muy tortilleras. Es por las hormonas, viste"

(De una embarazada a otra no embarazada, en la feria de fotos del ecléctico -recomendada-)

lunes, agosto 08, 2005

Yo bailo cuando el cuerpo me pide pista

Viernes de dancing. De regreso a códigos olvidados: "Estoy a punto de hacer lo que una mujer debe hacer para que se le acerque algún hombre: sacarme el sweater y cagarme de frio"(rosarina, 28 años, soltera, a las 3 de la mañana). Y a mí el cuerpo me pedía pista.

sábado, agosto 06, 2005

Paisaje II (En el Once)

viernes, agosto 05, 2005

Paisaje


Fotos: Trapito

jueves, agosto 04, 2005

Recolección nocturna

Salgo del cine a la 1 de la mañana y camino por Corrientes hasta mi casa. Todos los días camino por Corrientes hasta mi casa. Pero nunca me sucedió, por ejemplo, que se me plantara un exhibicionista a sólo unos centímetros. Hubiera preferido que fuera uno de los de Angelo Paolo, así, con sobretodo, glamoroso. Chac, chac. Pero no, el tipo, de jogging, pela mientras saca la lengua y hace una mueca que imita una sonrisa libidinosa. El detalle: lo hizo en la puerta del Teatro San Martín, junto al afiche de Enrique IV, la obra de nuestro gran sobreactuador argentino Alfredo Alcón. Miré, sí, y después corrí. Corrí dos cuadras y llegué a la puerta de un Farmacity. No sé por qué, pero las farmacias me dan cierta seguridad. Y el tipo de guardia estaba ahí, asomando su cabecita por la ventanita que le dejan abierta por las noches. ¿Por qué asomaba su cabeza? Porque una mujer quería comprar un champú contra la caspa ¡a la una de la mañana! Eso sí que me dio miedo. Y seguí camino a casa. Para tranquilizarme compré unas flores (mentira: me las compré porque nunca un hombre me regaló flores. Dicen que "no soy del tipo de chica a la que le gustarían las flores". ES verdad, no me gustan tanto, pero sí que me las regalen. En lo posible margaritas, que son las que compré, a la una de la mañana). Me distraje con el camión de la basura que ¿avanzaba? marcha atrás y en eso, por cruzar sin mirar, me atropelló una bicicleta. Calma, no me pasó nada, pero sí a las flores. Ellos tienen razón. Así que le regalé el ramo a mi atropellante. No entendió mucho pero dijo "gracias, se las llevo a mi mujer". Y llegué a casa. Y ya no había más vino en la botella. Ni ganas de ponerme a pensar por qué mi vida está así, extraña (y hostil). Y me fui a dormir. Y soñé cosas tremendas, que no voy a contar.

miércoles, agosto 03, 2005

El juego de las lágrimas


Hoy lloré al leer la biografía de Nadia Comaneci (antes, me bajé como fondo de pantalla una tapa de la revista Time en donde está ella, con los ojos cerrados, seguramente a punto de darse un envión para su inigualable doble mortal. ¿El título? "She's perfect". Ah, pueden verla). Decía que sospecho que estoy ultra sensible. Cuando llegué a la parte en la que se escapó del hospital (se había envenenado a causa de un corte en la muñeca con un metal) para competir, fue inevitable: se me estrujó el alma. Lagrimié (en mi escritorio, frente a mis compas, pero W dice que mi faceta bajón me queda bien). Y eso que la biografía nada dice de cuando intentó suicidarse. Aunque no creo que esa parte me hiciera llorar. Siempre es al revés: nunca lloré en top gun con la muerte de Goose, sino que me daba ganas de hacerlo cuando volaban a toda velocidad; lo mismo con Flash Dance (voy a recurrir a ella siempre que pueda): me emociono cuando ella deja al jurado culo para arriba. Si quieren un ejemplo más cercano -sí, nada de cine refinado ni cine arte esta vez-, mi última experiencia sensible al revés fue con Million Dollar Baby: la vi entrenar y me mató; la imagen de ella dando saltitos, tremenda. En cambio si vamos a las escenas del hospital, nada. Esa sensibiliería digamos que me aburre. En fin. Hoy lloré por Nadia Comaneci. Qué más decir. Que ya no voy a poder ser gimnasta artística. ¿Pero cantante?

lunes, agosto 01, 2005

ausentia

O porque no nos ha pasado nada interesante en estos días o porque preferimos darle un poco de descanso a nuestro pathetic way of life o porque el desamor nos tiene desinspiradas o porque, como dice alguien, es preferible blindar la vida o porque Casas nos llama "losers" o porque la moda de los blogs ha entrado en una meseta (y sí, somos fashionistas) o porque nos estamos haciendo desear. Lo cierto es que autombo dejó de bombear. Pero estamos ahí, latentes, a la espera de próximos posts iluminadores (y de elogios desmedidos y todo eso).