sábado, diciembre 17, 2005

Insomnio en el Once

Creo que tengo insomnio no por falta de sueño sino por exceso de pensamientos. Son las cinco de la mañana –ya miré el despertador con ansiedad cientos de veces- y no puedo dejar de pensar, por ejemplo, cómo puede ser que en el Once se escuchen los aviones tan de cerca. Siempre que escucho un avión de cerca tengo la fantasía de que se va a estrellar. Entonces me acuerdo de un capítulo de Los Simpsons (no se olviden que tengo insomnio y que mi mente está obligada a dispararse a donde sea con tal de que no me quede dormida), ése en el que Bart descubre una estrella. Después resulta que la estrella es un meteorito que se dirige contra Springfield, y que todo indica que va a impactar en la cantina de Moe. Vuelve a pasar otro avión (ya me resulta sospechoso) pero como no se estrella contra Once, voy a la cocina. Pruebo de todo: galletitas con queso, té de manzanilla, cerezas, un dedo de whisky (me da miedo abrir el freezer descalza, así que lo tomo sin hielo). Miro el reloj de la cocina, ése que tiene un Tweety horrendo que mueve sus manecitas (¿alitas?) y me dice: son las cinco y media, y todavía estás despierta...Maldito Tweety. Siempre me aburriste. Nada da resultado. También le doy un sorbo al milanta –esa leche blanca siempre está a mano- para que despiste a mi úlcera y le abra camino al whisky. Ya casi hay sol. Voy al balcón en camisón (baby doll también rima, no encontré sinónimo “arímico”) y me siento en la reposera. No hay vecinos a la vista, pero sí pájaros que gritan histéricos como si acabaran de nacer. Y colectivos que de pronto colonizan la calle, todos a la vez, como si hubieran estado agazapados en algún escondite subterráneo a la espera de que terminara la noche. Y tocan bocina, y hacen chirriar los frenos. Ya no puedo pensar en nada. Son las seis de la mañana. Me quedo dormida.

No hay comentarios.: