miércoles, noviembre 30, 2005

Agite


No me sé las canciones de memoria. Puedo tararear Jeremy y gozar con esos sonidos guturales -es que el hombre canta con los dientes apretados, hermoso-. Puedo decir, uy, este tema me encanta y agregar un "pensá que son casi los únicos que sobrevivieron de la escena de Seattle", y cosas así. Como cuando digo, "este vino es un buen corte, Malbec-Cabernet", miro con cara de entendida -pero hasta ahí-, y me lo tomo a pura felicidad. No me las sé de memoria, decía, y tal vez escuche mis tres discos de Pearl Jam una vez al año. Pero estar ahí, con la masa sudada, a diez metros del escenario, bajo el sobaco de todos aquellos que miden unos centímetros más que yo, y que pueden sacarse la remera, y dejar que mis manos patinen sin querer por sus espaldas, en una suerte de ritual muscular, primitivo, donde todos nos tocamos y está bien, porque hay un tipo en el escenario que nos electrifica el estómago y nos deja gritar y saltar como desaforados y encima se emociona con nuestros gritos y saltos desaforados. Digo, todo eso, es placentero. Muy.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Yo tambien fui a verlos... no soy fanático, pero me gusta el rock. Fue un lindo recital, y verlos después de tantos (?) años me hizo sentir como si hubiese visto a Sui Generis en su mejor momento. Muy grosso.
Popi.