miércoles, septiembre 07, 2005

Cazadores

Salimos con mi roomate del subsuelo de Dr. Masón. Atravesamos el salón hacia la puerta. Una mesa de unos 14 chicos nos mira (los chicos, no la mesa). Estoy de espaldas, a punto de girar el picaporte, pero sé precisamente qué están mirando, lo siento: esa franja de piel que me queda al descubierto, entre la campera y la cintura del jean. Los ojos están clavados ahí. Me demoro para abrir la puerta, me gusta que me miren, que nos miren, pero en realidad quisiera saber: qué piensan, qué sienten, qué fantasean, si tan sólo en unos segundos vamos a desaparecer. Instinto de cazador, le dicen. Y yo corro como una liebre. O como una mujer que corre con lobos.

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