sábado, agosto 20, 2005

Lagrimitas de cocodrilo

No se si trata de una fantasía masculina o femenina. La de ver (o mostrar) que hace una chica sola, en su casa, como si dejaramos una cámara registrando cada uno de sus movimientos, aún los más apentemente carentes de interés. Hace poco alguien escribía en este blog que admiraba la pericia con que una mujer se pone una hebilla en el pelo. Bueno, ésta es la obra perfecta para esa persona, se llama Remitente Lorena y está en Elkafka.
Durante el lapso de una hora asistimos a este espectáculo: Lorena está sola en su casa, embala cosas (ropa, casettes) para mudarse, escucha música, graba mensajes para un chico con el que salió una sola vez, chupa una naranja, fuma un cigarrillo tras otro, baila frente al espejo. Es evidente que está deprimida y un poco obsesionada con ese galán que no volvió a llamarla. La identificación era inevitable.
La obra da cuenta de esa capacidad tan femenina de autoprovocarse estados en soledad. De la euforia absoluta a la tristeza total, un electrocardiograma anímico, una susesión de emociones que no tienen que ver con nada en especial, que nada las motiva, pero que pueden vivirse de la forma más fidedigna, verdadera y hasta verosímil.
Se prueba un vestido rojo, ensaya unos pasos sexis para envalentonarse y grabar nuevamente el mensaje "Nicolas, ese día que estuvimos en el botánico, reconozco que hablé mucho....". La chica llora con mocos frente al espejo (porque se pone un tema para llorar) y al segundo está apretándose un granito. Con Trapito nos codeábamos. ¿Es que todas somos así?
Casi estamos llegando a la conclusión de que cualquier sentimiento puede vivirse como un estado de actuación del que se puede entrar o salir como si nada. O ¿Quién no ha llorado alguna vez con verdadera congoja pero mirándose cuidadosamente los gestos en el espejo? Hasta tengo una amiga que me confesó haberse sacado fotos en ese mismo estado...
Todas las depresiones son en un punto falsas, no?

1 comentario:

While my blue eyes gently weep dijo...

Llamémosle histrionismo terapeútico. No es que se trate de actuar las depresions -Betty, tú bien lo sabes- pero a veces resulta delicioso ver cómo esa condenada -o sea yo, en el espejo- llora sin consuelo mientras otra -o sea yo, de este lado del espejo- le dice: a ver Nicole, es ridículo todo esto, mirá como se te deforman los párpados, se te hincha la cara, se te pone colorada la nariz, se te corre la pintura ¿vale la pena?. Ahí es cuando me río (sólo por un rato, hasta que me doy cuenta de que vale la pena llorar cuando se está tan triste). Casualmene creo que voy a llorar ahora. Por suerte traje mi espejito de mano.