miércoles, agosto 31, 2005

Here comes the sun

Tengo cosas mucho más divertidas para postear, del estilo "mi vida antes y después de cortarme el flequillo", "cómo es viajar en subte mientras alguien toca el Bolero de Ravel en flauta dulce y su compañera se contorsiona a mi lado", "otras versiones de fanguistas", "por qué nunca más voy a aceptar una cita a ciegas","cómo es estar a los abrazos con Iván de Pineda a las tres de la mañana" y cosas así. Pero hoy tenía ganas de mostrar mi costado sombrío. Suele suceder. Y por eso postié lo que sigue, aunque a W lo ponga triste.

1 comentario:

bb dijo...

Nunca está demás hablar de los fanguistas. Nunca, nunca, nunca. Se reproducen, cambian sus apriencias, adoptan nuevos nombres y formas de hablar. Tienen otros peinados y hasta pueden parecer buenas y simpáticas personas. Pero se trata de una falsa alarma. Una moto a la que no hay que subirse por nada del mundo. Porque al fin y al cabo el tiempo lo demuestra (aunque todo suceda en breves días). Son eso: fan-guis-tas.